El Ángel de la Independencia

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La belleza del Blanco y Negro

El 19 de septiembre de 1985 alrededor de las 7:30 de la mañana un terremoto de magnitud 8,1 grados en la escala de Richter sacudió la capital de México dejando un saldo de muertes que se desconoce en la actualidad, la cifra ronda entre los siete y los diez mil fallecidos.

El ángel de la independencia, situado en pleno paseo de la Reforma, cayó de los cielos e impactó contra el suelo debido al fuerte temblor. La ciudad quedó totalmente destrozada.

La magia del revelado, y la belleza que le otorga a una imagen el blanco y negro nos da como resultado una imagen brillante, excelente. Es una imagen tomada hace alrededor de dos meses, pero tres segundos de exposición y el paso por el revelador, el baño de paro, el fijador y el reposo en agua nos da una imagen digna de cualquier periódico de antes del terremoto.

La belleza del blanco y negro… en estado puro.

6,8 Grados

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Estos 6,8 grados no son la temperatura del Distrito Federal en estos días, el calor que hace no es normal para esta época del año. No es normal ir en manga corta por la calle. 6,8 grados tampoco es el porcentaje del alcohol de la última copa que me tomé (si mal no recuerdo fue un tequila… por lo que los 6,8 grados le quedan bien lejos).

6,8 grados es la intensidad en la escala de Richter del último terremoto (temblor, mejor dicho) sucedido en la capital de México, un temblor que, según dicen, duró entre uno y dos minutos, yo lo sentí tan solo unos segundos y lo cierto es que me sorprendió bastante, no llegué a asustarme por completo porque lo noté muy leve, pero si me causó impresión.

Puede que a algunos les parezca una tontería que escriba sobre esto, pero es la primera vez que siento un temblor de tierra bajo mis pies, y no puedo pasar la oportunidad de dejarlo por escrito aquí en el blog.

Iba caminando por el Mixup de plaza Reforma 2.22, justo cuando entré en la tienda vi que un DVD de “La Dimensión Desconocida” de Alfred Hitchcock situado en la entrada se cayó, pensé que una persona que pasó al lado lo había tirado. Me paré justo delante de unos estantes que tienen llenos de películas muy baratas y al comenzar a ojear las ofertas sentí como el estante se movió, volví a pensar que alguien lo había empujado, pero cuando miré y vi que nadie lo estaba rozando me quedé fijamente mirando el estante y vi como no dejaba de temblar.

Me asomé fuera de la tienda y observé atentamente como los adornos que cuelgan del techo de cristal con motivo de las fiestas navideñas se movían sin cesar. Tras dos segundos sin saber qué hacer, vi como el centro comercial se vaciaba. La gente, sin prisa pero sin pausa, salía del recinto. La tierra se movía.

Fueron tan solo unos diez o quince segundos los que yo pude notar el sismo, no ha habido réplicas, al menos yo no he notado nada, el mini-susto se pasó y todo volvió a la normalidad, dejando un saldo blanco de víctimas en Ciudad de México. Un temblor que no pasó a mayores, pero que pienso recordar para siempre… 10 de diciembre.

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El perro que quiso ser guardián

Vigilancia eterna...

Vigilancia eterna...

Mirada fija hacia la cámara, mirada fría y desconcertante, ¿en qué pensará un perro? Tumbado en plena Calzada de los Muertos de Teotihuacán se encuentra el animal, tomando el sol, descansando.

Al fondo, cientos de personas ascienden y descienden por las escaleras de la eterna Pirámide del Sol. La gran pirámide azteca que se encuentra situada a escasa hora y media de la capital mexicana.

Mientras, el perro observa atentamente el objetivo. Pensamos en los legendarios perros del imperio azteca, los Xoloitzcuintle, las mascotas de los grandes emperadores, como Nezahualcóyotl. No eran perros de gran corpulencia, eran pelones y de tamaño medio, pero debían sentirse como el perro de la imagen, agradecidos por encontrarse ahí, en un lugar sagrado, un lugar mágico.

El perro que quiso ser guardián se levanta tras posar para la cámara y continúa su camino por el desierto que ofrece el lugar hasta perderse más allá de la Pirámide de la Luna…

 

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Superación sagrada

Sufrimiento sagrado

La Villa. Así se llama el lugar en el que se encuentran las dos basílicas dedicadas a la Virgen de Guadalupe, aquí en el DF.

En primer lugar, se encuentra la antigua basílica, en la cual se aprecia un notable desnivel debido a las características del suelo de la capital mexicana. En ella se puede ver como la fachada está inclinada hacia adelante, dejando una impresión fascinante.

A su derecha se puede ver la nueva basílica de Guadalupa, una inmensa construcción con forma circular en la que se pueden dar cita más de 40.000 personas, especialmente en los próximos días, cuando se celebra el día de la Virgen.

Hasta aquí llegan miles de peregrinos anualmente, desde todo el país y el mundo. Ofrendas y promesas. Objetivos que se cumplen una vez llegados al destino.

El hombre de la imagen sufre ante los últimos metros de recorrido. Arrastrándose de rodillas podemos imaginar una historia, un hombre que prometió llegar de rodillas al altar si la Virgen curaba a algún familiar… podemos suponer, quizá sea otra cosa, no importa demasiado.

Devoción. El final se acerca, el peregrino cumple lo prometido y con las fuerzas del último aliento sube las escaleras de rodillas y por fin… se siente en paz. Unos metros más adelante observamos como una mujer es arropada por su hijo, quien de la mano sujeta a la madre que, también de rodillas, llega hasta el santuario.

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