En la carrera de periodismo, como en muchas otras, el estudiante requiere de una formación práctica, en este caso en una empresa o medio audiovisual que lo ayude a completar sus estudios. Es el llamado Practicum. Con esto, las empresas adquieren a un estudiante y lo integran dentro de su plantilla, lo hacen trabajar lo mismo que un empleado más del lugar y le pagan infinitamente menos, si es que al final obtiene algún algo con lo que quedarse.
“El beneficio es la experiencia que se obtiene realizando estas prácticas” dirán muchos. Lo siento, pero este “beneficio” también se llama explotación, casi esclavitud. El estudiante que entra dentro de una empresa a realizar unas prácticas es un trabajador más. Muchas empresas los emplean para realizar sustituciones de verano, de aquellos periodistas bien pagados que se van de vacaciones, otros deben efectuar tareas desacordes a sus estudios, etcétera. Y como se puede observar, en algunos casos no se obtiene ni experiencia.
También es cierto que hay empresas que acogen con cariño a sus becarios, los cuidan y los miman y al final de esas prácticas puede que los contraten. La trampa está en ese espacio de tiempo que hay entra prácticas y contrato. El salario es paupérrimo, casi inexistente. Becarios que trabajan duramente jornadas completas de cuarenta horas semanales y que apenas superan los cien euros de sueldo. Esto es algo incomprensible. Y gracias a estas artimañas las empresas ahorran dinero, esclavizan al estudiante y quitan la ilusión de trabajar con ganas.



habla, debe hacerlo con convicción, con seguridad, sabiendo que lo que dice es cierto y que no va a engañar a las personas que lo escuchan.

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