La esclavitud del becario

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En la carrera de periodismo, como en muchas otras, el estudiante requiere de una formación práctica, en este caso en una empresa o medio audiovisual que lo ayude a completar sus estudios. Es el llamado Practicum. Con esto, las empresas adquieren a un estudiante y lo integran dentro de su plantilla, lo hacen trabajar lo mismo que un empleado más del lugar y le pagan infinitamente menos, si es que al final obtiene algún algo con lo que quedarse.

“El beneficio es la experiencia que se obtiene realizando estas prácticas” dirán muchos. Lo siento, pero este “beneficio” también se llama explotación, casi esclavitud. El estudiante que entra dentro de una empresa a realizar unas prácticas es un trabajador más. Muchas empresas los emplean para realizar sustituciones de verano, de aquellos periodistas bien pagados que se van de vacaciones, otros deben efectuar tareas desacordes a sus estudios, etcétera. Y como se puede observar, en algunos casos no se obtiene ni experiencia.

También es cierto que hay empresas que acogen con cariño a sus becarios, los cuidan y los miman y al final de esas prácticas puede que los contraten. La trampa está en ese espacio de tiempo que hay entra prácticas y contrato. El salario es paupérrimo, casi inexistente. Becarios que trabajan duramente jornadas completas de cuarenta horas semanales y que apenas superan los cien euros de sueldo. Esto es algo incomprensible. Y gracias a estas artimañas las empresas ahorran dinero, esclavizan al estudiante y quitan la ilusión de trabajar con ganas.

Riesgo mínimo, consecuencias devastadoras

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Hace dos semanas nadie conocía Fukushima I. Hoy el que no la conoce es porque no quiere, porque vive en otro planeta o simplemente, porque no relaciona ese nombre con el de la central nuclear japonesa que está provocando el pánico mundial y ha reabierto el debate sobre la seguridad de las centrales nucleares.

Vista aérea de la central nuclear de Fukushima

Hoy la inseguridad generada los días posteriores al terremoto y consecuente tsunami del pasado 11 de marzo, se va calmando poco a poco gracias a los operarios que están rociando con agua del mar los sectores más dañados. Pero la discusión continúa y las reacciones no se hicieron esperar en el resto del planeta.

Ángela Merkel no tardó en suspender el plan que tenía pensado para alargar la vida a las nucleares de Alemania 14 años más, la última cerraría en 2034. Suiza dijo que volvería a revisar las normas de seguridad de sus centrales y suspendió los procedimientos en curso para autorizar la construcción de nuevas centrales. Y en el resto de países de la Unión Europea también se ha debatido durante largo rato sobre lo mismo ¿cerramos las nucleares?

El riesgo de alargar la vida a una central nuclear no es otro que el desgaste. El miedo a un accidente dentro de la misma es mínimo, pero las consecuencias serían devastadoras. En España, el año pasado el 21% de la energía la aportaron las centrales nucleares, según varios expertos si quisiéramos suplir las centrales por energías renovables, necesitaríamos 750 parques eólicos para hacerlo, algo totalmente desproporcionado. Repito que el riesgo que se corre es el mínimo y la consecuencia máxima, pero ¿dónde meteríamos 750 parques eólicos en este país? ¿Cuáles serían los costes? ¿Cuánto tiempo tardaríamos en sustituirlo?

Con las noticias no se juega

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El periodista debe informar, sacar a la luz las mentiras que se esconden tras cada una de las noticias o simplemente, contar las noticias como son. No debe manipular, no debe sembrar la duda en el espectador. Cuando un periodista habla, debe hacerlo con convicción, con seguridad, sabiendo que lo que dice es cierto y que no va a engañar a las personas que lo escuchan.

La noticia debe ser analizada, contrastada y verificada desde el principio hasta el final. Las cosas son o no son, no pueden quedarse a medias. La noticia existe cuando pasa algo y se sabe con total seguridad que es lo que ha pasado, ya que si no se sabe muy bien que ha pasado, no solo puedes perjudicar a la audiencia, sino a los propios protagonistas de la misma.

En la universidad se habla de ética periodística, se proporciona a los alumnos unas enseñanzas que se olvidan cuando se sale de ella. Unas enseñanzas que todo el mundo deja a un lado cuando se pasa de la información a la opinión, sobre todo cuando la noticia está incompleta.

Ha habido casos de presuntos asesinatos, con personas que han pasado a disposición judicial acusados de matar a alguien. En este momento los periodistas hablan, hablan sin saber, pues puede que después éste presunto asesino nunca hiciera nada y salga a la calle tan inocente como entró. Pero el mal ya está hecho. Sobre él, sobre su persona, su honor y su imagen. La gente confía en los periodistas y el linchamiento sobre una persona inocente puede causar graves daños.

Los periodistas no entienden su verdadero poder, mucha gente se fía de sus palabras y por ello cuando hablan deben saber lo que dicen. Tengan cuidado, las noticias no son un juego.

¿Dónde se bañó Fraga?

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Esta semana se celebró el 45 aniversario del famoso baño de Fraga en la playa almeriense de Palomares. Se recuerda el baño, pero no las razones, ni el poso que dejaron unas bombas que aun hoy desatan la polémica entre los habitantes de Cuevas de la Almanzora y del distrito de Palomares, dónde aún hoy hay gente que debe hacerse análisis para comprobar si tienen material radioactivo dentro del cuerpo.

Fraga en las playas de...

El incidente tuvo lugar el 17 de enero de 1966, y de haberse producido la explosión de las cuatro bombas nucleares que cayeron sobre el lugar, la provincia de Almería habría desaparecido por completo en cuestión de segundos. Cuatro bombas que suponían cuatro veces la potencia de las que cayeron en Hiroshima y Nagashaki.

En poco tiempo se desplegó en el lugar una operación venida de Estados Unidos con la intención de descontaminar la zona afectada. Pocos conocen la historia, los lugareños la recuerdan como una aventura pasada y lo más curioso, nadie recuerda a Fraga y su colega norteamericano darse el mítico chapuzón en la playa de Quitapellejos.

Se dice que la demostración de que las aguas no estaban infectadas se hizo en Mojacar, a quince quilómetros del lugar. Se dice que quien calla otorga, el gobierno no dijo nada sobre los rumores.

Hoy, 45 años después podemos seguir desvariando y pensando dónde se bañó Fraga, ¿tenía miedo?, ¿fue valiente? Nunca lo sabremos, como tampoco sabremos aquello que los americanos hicieron en el lugar, como tampoco sabremos si la zona sigue infectada del plutonio que se desprendió de una de las bombas. Todo son dudas.

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