Hoy hablaré sobre un momento. Tan solo unos segundos, no sé cuantos fueron, 15, 30, 60 segundos que congelaron mi corazón. Que me hicieron sentir orgulloso del espíritu del pueblo, del ansia por cambiar las cosas que tiene la gente. Sucedió en la Puerta del Sol, rebautizada como la Plaza de la Sol-ución.
Todo estaba preparado, a las 23:45 se debía guardar silencio durante 15 minutos, hasta las 0:00, después de las campanadas y después se daría un grito mudo al cielo como señal de protesta por la prohibición de la Junta Electoral de poder manifestarnos. No sucedió así, lo cierto es que fue un poco caos y el momento estelar llegó a las doce en punto de la noche. Cuando el reloj de la puerta del Sol comenzó a dar sus campanadas, la plaza entera enmudeció, manos en alto, ni un silbido, tan solo algún grito huérfano se coló entre más veinte mil personas, Sol, Preciados, Carretas, el Carmen… calles inundadas esperando el final de las doce campanadas. Los pelos de punta por la emoción. Acabaron las campanadas y un grito descomunal borró el silencio.
No fue un grito mudo al final, fue un grito que se escuchó en el resto del mundo, como hoy se sigue escuchando nuestra indignación, como hoy y como mañana, el campamento no se levanta y nadie podrá hacer nada para sacarnos de ahí. El pueblo está cansado y lo está demostrando, somos la semilla de las revoluciones en Europa. Somos un ejemplo de civismo, solidaridad y buen hacer. Sigamos así y conseguiremos aquello que nos proponemos, aquello por lo que luchamos. La jornada de relflexión que la hagan nuestros políticos, creo que los que hemos estado y seguiremos estando en Sol sabemos perfectamente a quienes vamos a votar.



que a este hombre le importa muy poco o nada el futuro del planeta dice que no tiene sentido gastar millones de euros en “causas tan científicamente cuestionables como ser capaces de mantener la temperatura del planeta Tierra dentro de un centenar de años y resolver un problema que quizá, o quizá no, tengan nuestros tataranietos”.

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