Resulta complicado analizar una situación desde fuera. Escarbar en un profundo agujero de política, sociedad, vida y muerte. Egipto, Túnez, pueblos enfrentados a unos dictadores que olvidaron sus propósitos cuando empezaron a gobernar. Personas elegidas democráticamente que se desprendieron de sus razones y emprendieron un camino largo, oscuro, corrupto y muy peligroso.
Hoy vemos, desde fuera, que los pueblos se rebelan frente a sus opresores, que la lucha es lo único que les queda, frente a la pasividad de los países del exterior. Europa mira con preocupación el futuro de estas tierras pero no hace nada por solucionar lo que allí se está viviendo. Alemania propone asilo político a Mubarak, éste prefiere “morir en Egipto” e intentar solucionar las cosas, una vez se ha visto acorralado.
En esta tierra, recordada por todos por sus faraones, sus pirámides y su historia, se libra hoy una batalla por la libertad, en la cual aún queda mucho camino por recorrer. De momento la dimisión de la cúpula del Partido Nacional Democrático (PND), con Gamal Mubarak al frente, hace pensar que la revolución está sirviendo para algo, pero se debe ir con cautela y el pueblo mira este movimiento como un posible engaño por parte del Gobierno para hacer que se calmen los ánimos.
La plaza de la Liberación continúa acogiendo a miles de ciudadanos y al mismo tiempo el ejército empieza a limpiar las huellas de la batalla. Coches quemados, señales destrozadas, lugar desolador. Un lugar que por mucho que se limpie siempre será recordado por todos como dónde comenzó el final de Mubarak.


somos ruidosos e irrespetuosos pero ellos no se miran al espejo.
que a este hombre le importa muy poco o nada el futuro del planeta dice que no tiene sentido gastar millones de euros en “causas tan científicamente cuestionables como ser capaces de mantener la temperatura del planeta Tierra dentro de un centenar de años y resolver un problema que quizá, o quizá no, tengan nuestros tataranietos”.


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