Microhistorias: ¿Sigo soñando?


Solo me faltan cien metros para llegar a la meta, cinco me separan del primer clasificado. Mis últimas fuerzas las guardo para los últimos cincuenta metros, se que puedo adelantarlo. Aguanto, paciencia, ya. en los últimos 15 metros paso por delante de él y finalizo primero, gano la carrera, he cruzado la meta con los ojos cerrados y…

… aparezco en un desierto, arena por todas partes. El sol se refleja en la extensa llanura amarilla y hace que me ardan los ojos como si me los estuvieran quemando con ascuas, el sudor se hace insoportable, la angustia me ahoga, me siento en el suelo y abrazo mis piernas…

… el suelo arenoso desaparece y caigo. El agua encharca mis pulmones, nado hacia la superficio y salgo para tomar bocanadas de aire que me ayuden a respirar. Entre tanto, agotado y casi sin fuerzas intento llegar a tierra firme para sobrevivir. Al fin llego…

… altos edificios se encuentran frente a mi. Miles de personas en la calle aguantan la respiración mientras miran hacia el cielo. Subo mi cabeza para ver… una luz cegadora se dirige como un rayo hacia nosotros, cada vez se hace más y más grande, el final se acerca, cierro los ojos…

… los vuelvo abrir. Apago el despertador y me incorporo temblando y enciendo la tele. Las noticias informan de nuevos atentados en Iraq y Afganistan, decenas de muertos se encuentran en las calles. Dos mujeres asesinadas a manos de sus parejas sentimentales, el rojo es el color. Pongo mi cabeza entre mis manos, cierro los ojos y me pregunto… ¿Sigo soñando?

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Microhistorias: Última sesión


Sentada en un sofa rodeada de gente con el mismo problema una mujer mayor, pongamos 70 años, recibe su última sesión de quimioterapia tras largos meses de tratamiento. Esta mujer no pierde nunca el ánimo, aquel que se encuentra a su alrededor ríe con ella de las muchas historias que cuenta en ese preciso momento.

Su sonrisa y su voz alegran a cualquiera, pensé yo. Poca gente tiene tanto ánimo al encontrarse en una sesión de quimioterapia, lo único que la provoca son unos leves estornudos que subsana con un caramelo en la boca.

Mientras ve la tele cuenta a su compañera de terapia una pequeña parte de su vida. La mayor de seis hermanos, un padre alcohólico que maltrataba a su madre pero al que nunca guardó rencor ni odio debido a que cuando no estaba borracho era una grandísima persona, según ella y una madre que siempre cuidó de ella y de los suyos.

Ella fue la única que supo enfrentarse a su padre para que dejara de maltratar a su madre, ella pudo con él y no volvió a tocarla. Eso contaba con un aire melancólico, pero con fuerza y una sonrisa en la boca al mismo tiempo que se alegraba al ver en la tele que el profesor Neira salía del coma después de muchos días ingresado.

Con un gorro de lana en la cabeza, sin ningún tipo de vergüenza por su falta de cabello, la mujer reía y decía que a ella le gustaba estar igual que un hijo suyo, “calvito”.

Una mujer con fuerza, que acabó su última sesión de quimio despidiéndose de aquellas personas que se encontraban en la misma sala y deseándoles toda la suerte del mundo y mucha salud para el futuro. Muchas gracias por ser así.

Esta es la primera microhistoria que escribo, es un hecho real, seguro que más de una persona tiene esta misma historia, una vida muy dura, superación, fuerza y sobre todo alegría, una pequeña lección para ser feliz y no caer en la amargura.