Intermitencias


Siento no escribir más. Siento no informar de todo aquello que hago. No tengo tiempo y la pereza me puede. Un mes en blanco que retomaré en cuanto me sienta más relajado. De momento tengo ganas de escribir algo fuera del viaje. Algunos pensamientos que solo puedo expresar de un modo metafórico y medio poético.

Piensas, meditas e intentas no pensar en lo que dejaste atrás. No puedes evitarlo, no puedes hacer otra cosa que sentir lo estúpido que llegaste a ser. Miras al presente y ves que todo va bien, todo va mucho mejor de lo esperado. El viaje te ha otorgado el descubrimiento de lo que puedes llegar a ser. Maduras, agradeces todo lo que en este increíble país han hecho por ti. Das las gracias cada día por estar con quien estás, no hace falta decir nombres, los responsables de mi felicidad saben quienes son.

Proyectos futuros. Futuro al que no quieres mirar. Porque el futuro indica un final. Un final que, por ahora, no quieres que llegue. Mientras tanto eres feliz, feliz al 90%, el porcentaje restante para completar el círculo es difícil de llenar. Falta algo, alguien… Y pasas los días entre intermitencias de ánimos que te golpean de repente sin esperarlo… como una oruga que camina lentamente por la calle, a la que en cualquier momento pueden pisar y hacerla desaparecer.

 

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Mi espejo


Sentado frente al espejo, mirando mis manos mientras escribo estas palabras, mirando mi interior para saber qué es lo que escribo mientras pienso en lo que soy… soy un chico de veinte años que aspira a ser periodista y que de momento tan solo ha conseguido la P y la E, quizá algo más pero para obtener el título aún le quedan 3 años.

Mirándome en el espejo observo mi cara y pienso en lo que quiero ser, en con quien quiero estar, en lo que quiero hacer cuando pasen los años. Hay cosas que tengo bien claras, otras no tanto  y demasiadas cosas veo en este espejo de las que estoy totalmente inseguro.

Quiero ser feliz, quiero dejar pasar mi vida adquiriendo todo lo que mi mente quiera o pueda absorber del mundo, quiero vivir haciendo algo que me guste y no pasar mi días encerrado en un cine sirviendo palomitas o cortando entradas, quiero saber y conocer que es ser periodista, viajar por el mundo, descubrir lugares nuevos cada día y descubrir que cada día, frente a este espejo, veo algo más que no conocía de mí.

También tengo muy claro con quien quiero estar en un futuro, quiero seguir con quien más a gusto me siento cada día cuando me levanto, quiero continuar con ella, vivir a su lado y crear una familia, el espejo podría romperse si ella no está, y si el espejo se rompe, seria muy difícil volver a pegar los cristales.

Los objetivos están claros, pero al pensar en ellos este espejo se empaña como cuando sales de la ducha y el vaho que inunda el servicio hace que tengamos que limpiar el cristal para poder vernos, con el paso del tiempo estos objetivos se deberán ir cumpliendo y el espejo irá quedando totalmente limpio, brillante y reluciente para que la imagen que hoy puedo ver de mi y la que pueda ver en el mañana sea clara, y no deforme para nada mi vida.

Microhistorias: Última sesión


Sentada en un sofa rodeada de gente con el mismo problema una mujer mayor, pongamos 70 años, recibe su última sesión de quimioterapia tras largos meses de tratamiento. Esta mujer no pierde nunca el ánimo, aquel que se encuentra a su alrededor ríe con ella de las muchas historias que cuenta en ese preciso momento.

Su sonrisa y su voz alegran a cualquiera, pensé yo. Poca gente tiene tanto ánimo al encontrarse en una sesión de quimioterapia, lo único que la provoca son unos leves estornudos que subsana con un caramelo en la boca.

Mientras ve la tele cuenta a su compañera de terapia una pequeña parte de su vida. La mayor de seis hermanos, un padre alcohólico que maltrataba a su madre pero al que nunca guardó rencor ni odio debido a que cuando no estaba borracho era una grandísima persona, según ella y una madre que siempre cuidó de ella y de los suyos.

Ella fue la única que supo enfrentarse a su padre para que dejara de maltratar a su madre, ella pudo con él y no volvió a tocarla. Eso contaba con un aire melancólico, pero con fuerza y una sonrisa en la boca al mismo tiempo que se alegraba al ver en la tele que el profesor Neira salía del coma después de muchos días ingresado.

Con un gorro de lana en la cabeza, sin ningún tipo de vergüenza por su falta de cabello, la mujer reía y decía que a ella le gustaba estar igual que un hijo suyo, “calvito”.

Una mujer con fuerza, que acabó su última sesión de quimio despidiéndose de aquellas personas que se encontraban en la misma sala y deseándoles toda la suerte del mundo y mucha salud para el futuro. Muchas gracias por ser así.

Esta es la primera microhistoria que escribo, es un hecho real, seguro que más de una persona tiene esta misma historia, una vida muy dura, superación, fuerza y sobre todo alegría, una pequeña lección para ser feliz y no caer en la amargura.